Un hotel de Madrid
permite a 40 estresados participar en su demolición
No
son estrellas de rock, pero se han liado a patadas con el minibar y han
estrellado el televisor contra el suelo. Son anónimos, pero han salido en todos
los telediarios. ¿Qué hacen 40 ciudadanos de bien destrozando las habitaciones
de un céntrico hotel madrileño? Liberar estrés y, de paso, participar en un
experimento de mercadotecnia.
El
evento no es un anuncio; tampoco una fiesta promocional. "Es una idea fuera de
formato", dice Enrique Tellechea, director de marketing de NH Hoteles, a cuyo equipo se
le ocurrió un viernes "durante una de las sesiones de brainstorming".
Fue
una buena tormenta de ideas. Unos setenta medios de comunicación, de
la Japonesa
Nipón TV a la estadounidense CNN, se acercaron ayer al sarao.
La noticia era que dar mazazos
relaja.
Aprovechando que había que reformar
las habitaciones, la cadena hotelera convocó a los estresados que deseasen
demolerlas y ganarse una noche con cena. Recibieron más de mil correos
electrónicos; la tasa nacional de estresados es del 50,6%, según explica la nota
de prensa del evento con cierto tufillo científico, citando al Ministerio de
Trabajo.
Con
la ayuda de un equipo de psicólogos y un breve test (que incluía dar un puñetazo a un
muñeco con forma de jefe), la muestra se redujo a 40
individuos.
Jorge está en paro, Paula ha tenido
que volver a vivir con sus padres, Jade es nueva en su empresa y le han dado los
turnos que no quiere nadie. Félix es taxista en Madrid y, cuando le piden que
grite para las cámaras una razón mientras pega, chilla: "¡La M-30!". Cuando los
periodistas le piden a Pablo que resuma su estrés, dice: "Euríbor". ¿Y qué le
pasa a Marcos, que aplasta con saña un televisor en el suelo? "Oposito",
contesta entre jadeos a la prensa.
"¡Hay muchos más periodistas que
derrumbadores!", dice Gala, otra de las seleccionadas (por publicista sin tiempo
libre). "En la convocatoria avisaban de que habría prensa, pero esto es una
barbaridad; dar golpes relaja, pero tanta cámara estresa". "Con tanta gente
mirando te sientes un poco cobaya, un poco estrella y un poco personaje de
anuncio", dice Marcos, el opositor.
El
despliegue informativo impresiona. Unos doscientos periodistas entre cámaras,
reporteros y fotógrafos. Están todos los corresponsales extranjeros en Madrid,
todos los periódicos y las cámaras de todos los telediarios. Da la impresión de
que si pasase algo fuera, nadie se enteraría.
Para estar contando lo mismo, los
estilos son variados. Mientras los del programa de Ana Rosa Quintana explican
que, según los estudios, las mujeres sufren más estrés que los hombres, los de
Caiga quien Caiga lían a la
directora del hotel para hacer un gag en el que un supuesto cliente se queja
de la tele y procede a darle un
martillazo. La revista Neo2
produce una sofisticada sesión de moda en una habitación arrasada y el señor
Tanaka, de un informativo japonés, prepara una pieza "curiosa". "Estas cosas
gustan, conviene tener un toque llamativo entre tanta noticia",
dice.
¿Cuánto costaría haber pagado con
anuncios por toda esta atención mediática? "Ni con todo el presupuesto del
departamento", dice el director de marketing de NH con una sonrisa. La
terapia de dar golpes para relajarse ya existía; la clave fue usarla con gracia
(la "nota de prensa" incluía un mazo y un casco) y ponerle un nombre pegadizo:
deroombing. De derrumbar y
room, habitación en inglés. "Si
lo buscas en Google, salen más de 150.000 resultados", dice el directivo con
otra sonrisa. "Hacemos un marketing rompedor",
otra.
Fuera del hotel deben estar pasando
cosas. Dentro, un corrillo de periodistas le preguntan a Félix, el taxista, cómo
se ha sentido. "Como una estrella", dice. "¡He destrozado una habitación de
hotel; ¡soy un rolling stone!".
Justo después, uno de los reporteros gira sobre sus talones, mira a la cámara y
usa, por enésima vez esta mañana, el mismo chiste para cerrar una crónica: "Ante
todo, no lo intenten en casa".
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